Lo público y lo privado

Image

El domingo recién pasado, mientras caminaba por el centro, un hecho que normalmente me resulta inadvertido, un árbol con una rama rota, que entorpecía ligeramente el caminar, desplegó en mí estas ligeras reflexiones que ofrezco al lector.

El árbol -obviamente- en la vía pública, frente a tres oficinas (un restaurant, una sucursal de un banco y no recuerdo qué más), podría constituir un problema (o, al menos, una molestia) durante la semana.

Pensé: ¿quién vendría a sacar la rama desenganchada?

Seguramente, personal de la Municipalidad, esto es, una Administración Pública.

¿Por qué?

¿Por “señoritismo”?

¿Porque sería un problema decidir entre los tres quién la sacaba?¿Porque después “cómo le iban a pagar a aquél que terminase haciéndolo”?

¿Porque “hacer cosas así es algo muy menor o despreciable”?

Suponiendo que no hubiese una Administración Pública que lo hiciese y más allá de ciertas consideraciones sociológicas que pudiesen hacerse (no sería el jefe de la sucursal, ni un gerente, quien lo hiciese, sino un junior o el auxiliar de aseo), lo cierto es que ante esos bienes o males públicos, parece tener algo de razón Coase cuando habla de la tragedia de los comunes.

Bueno, pero ya perdí el hilo de lo que quería decir.

Como decía, más allá de consideraciones sociológicas que pudiesen hacerse, pensé que el hecho que haya alguien encargado de la limpieza, del orden de los espacios comunes, no habla de una superioridad moral de quién se dedica a lo público, sino de la importancia de lo privado, de lo personal, de lo particular…que aquello que haces tú, yo, cuando estamos en casa, ya sea comiendo, lavando, jugando con los niños, conversando con los abuelos u otros parientes, o simplemente escuchando música o viendo TV es algo precioso, y que bien vale la pena que haya alguien que se encargue de esas cosas, para que tú puedas hacer esas cosas tranquilo, pues esas cosas son importantes, valen la pena, merecen tu tiempo y que tú mereces tu descanso; o, bien, que eso que haces en el trabajo es importante, que merece tu tiempo y toda tu atención y es necesario, por tanto, que hayan personas que te ayuden a no distraerte de tu trabajo y hacer cosas ajenas a él.

Todo esto lo pensé, un poco herido, casado, inquieto por un discurso que se ha impuesto en las esferas públicas del permanente análisis de los “temas públicos” (que la justicia, que la salud, que la educación, que la corrupción, que los indicadores económicos, que el smog, que el tamaño de la ciudad, etc, etc y etc)…Todos ellos temas muy interesantes, claro está, pero, y yo, ¿acaso no existo?¿no vale la pena mi persona?¿acaso los únicos temas que importan son los que, en el fondo, le interesan, en verdad, primordial y existencialmente, a nadie?

¿Acaso lo que le pasa a mi mamá, lo que “me pasa con” mi hermano, es irrelevante?

¿Acaso, si sólo entro en el margen de error de una encuesta, mi vida es indiferente, neutra?

En tiempos en que -enhorabuena- la ciudadanía se toma más y más espacios de participación y exige a sus clases políticas a resolver sus problemas, de manera inteligente, creativa y eficiente, y en que, por ende, de lo único que se habla es de lo público, del diseño de las normas y de las autoridades llamadas a tomar las decisiones, parece que la única manera de ser protagonista y poder cambiar las cosas es hablar de esos temas y llegar al poder, y las circunstancias en que yo vivo son despreciables, y no hay forma en que mi vida (lo que soy y lo que hago en mi círculo vital) sea algo valioso en sí.

Sí, se puede entender que en tal contexto cultural, influya -un tanto- esa útil distinción entre lo público y lo privado (todos pueden hablar de lo que nos afecta a todos, pero nadie puede hablar de lo que tú haces tras cerrar la puerta), pero se corre el riesgo de olvidar que lo humano es lo primordial, y lo público, lo secundario, y que nada sacamos con tener los mejores indicadores (educativos, sanitarios, productivos, etc.) del mundo, si los hombres están desesperados por no conocer el sentido de sus vidas y el valor de su propia persona.