Aportes para una nueva constitución: lluvia de ideas.

La “desafección ciudadana” trasciende océanos. Si bien los partidos políticos son imprescindibles, nada impide que se acote su poder.

En particular, creo conveniente acotar aún más los cargos de exclusiva confianza, vale decir, transformar todos los cargos de subsecretarios y buena parte de ministros en cargos concursables, con procedimientos como el de Alta Dirección Pública o el de designación de Fiscal Nacional (Ministerio Público), con plazos fijos para servirlos (8 años, por ejemplo -como los Consejeros del Banco Central o el Contralor General de la República-).

Así, paradójicamente, a través de mecanismos meritocráticos, sin necesidad de modificar el sistema electoral parlamentario, se profundiza la democracia. Ello, pues más ciudadanos, sin necesidad de afiliarse a partidos políticos, podrían participar e influir en la cosa pública. Del mismo modo, con ello se diluiría la excesiva injerencia del cálculo electoral en las prioridades de las Administraciones Públicas, toda vez que ministros y subsecretarios podrían dedicarse a solucionar problemas, sin ser esclavos de “padrinos”. Finalmente, este nuevo diseño institucional disminuiría notablemente los caudillismos, personalismos, promesas mesiánicas y el culto a la personalidad, que nos sigue rigiendo, pese a que somos aparentemente herederos del “gobierno de las leyes, y no de los hombres” (ideal con que el siglo de las Luces abogó por la supresión de las monarquías).